Dispensario médico Santa Joaquina de Vedruna (Santo Domingo)

8/4/2021
La característica de este Centro es que nació pobre, se mantiene pobre sirviendo a los pobres. Su única riqueza es la donación y entrega de un grupo de mujeres que por fidelidad al evangelio, se mantienen (desde el primer día), fieles a su pueblo.
Villa Mella, al norte del Distrito Nacional de Santo Domingo, con más de 50 sectores, se iba convirtiendo en la extensión de la hacinada y agresiva capital de la República Dominicana, Santo Domingo de Guzmán.

Abierta, aunque celosa de su cultura, brindaba la acogida necesaria para una buena convivencia. Su población iba creciendo paulatinamente, así como también la falta de servicios básicos.

En el 1982, en el seno UPAL (Unión Provincial de América Latina) surgió la idea de un Juniorado Latino-Americano cerca del pobre. Podemos decir con el salmista “Cayeron mis cordeles en parajes amenos y me encanta mi heredad” (s.15), al escoger uno de los poblados doblemente marginados por su negritud y su pobreza.

Desde el día de la inauguración de la sencilla casa, situada en ese medio con la aprobación y beneplácito de su gente, la mujer de San Felipe encontró en Joaquina una mujer sufrida y entregada muy parecida a la mujer de Villa Mella y con ella se identificaron.

El contacto con las jóvenes junioras en las Comunidades Cristianas de la Parroquia, las celebraciones “Vedrunas” y la relación de amistad y cariño que se sucedían en los distintos Grupos y luego en la comunidad de Hermanas allí establecida, les hizo descubrir a estas mujeres que había una Joaquina latente en muchas de ellas, y que querían también como ella “abrazar” necesidades.

“De las invitaciones de la comunidad Vedruna, para celebrar la fiesta de la Congregación, pasamos a encontrarnos como Grupo de reflexión”, recuerdan muchas veces Las “Amigas Vedruna”… “Empezamos a conocer a Santa Joaquina y su Congregación”. Este conocimiento junto a la lectura Bíblica, desde la perspectiva de la mujer, proporcionó una nueva práctica: tomar más conciencia de que la situación de marginalidad de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, es contraria al Plan de Dios, y que trabajar por la construcción del Reino implica actuar contra dicha marginación a fin de superarla al estilo Vedruna.

Cada vez más crecía el entusiasmo para un servicio parecido al de Joaquina, cada vez más se fortalecía la misión a la que se sentían llamadas y el Grupo se consolidaba.

Al comprender la importancia de la educación y la formación, surgió la inquietud alrededor de los hijos y los nietos, de los niños y jóvenes del vecindario.

Empezó a preocupar la falta de libros, del espacio y la tranquilidad para el estudio de ellos. La conclusión fue que hacía falta una biblioteca, un salón para tareas.

Este sueño pensado y orado se hizo realidad en el 1999. No cesó la preocupación y la reflexión por las necesidades del pueblo y el Grupo de amigas Vedruna, fijó su mirada en la ausencia de los servicios de salud en la zona de San Felipe, Villa Mella. Confiadas en la ayuda del Señor se formó un Voluntariado dispuesto a echar andar y sostener el primer proyecto de Salud Vedruna, en la República Dominicana.

Con la donación de un solar por una amiga Vedruna, la ayuda económica de la congregación, la ayuda de Caritas Dominicana y con la aportación de la mano de obra de esposos, hijos, otros familiares de las Amigas Vedruna muy pronto se construyó un modesto edificio, un dispensario, una farmacia y un laboratorio se convirtieron en otro sueño realizado: El Centro de Salud Santa Joaquina de Vedruna, donde mucha gente necesitada ha encontrado servicio y amistad.

La inauguración fue fijada para el primer día del mes de mayo del año 2000, pero antes las reuniones fueron muchas para planificar y organizar los distintos trabajos y ofrecer un servicio de calidad.

Caritas nos brindó su asesoría y entrenamiento; con esto, el ánimo y la iniciativa, tomaban impulso para un compromiso serio, confiando en Dios. Se formó de éste Laicado Vedruna, un Voluntariado sólido, con una fidelidad inicial que a través de 20 años aún perdura.

Para la farmacia y consultorios: una encargada de compra, cuatro encargadas de venta (dos en la mañana y dos en la tarde) dos responsables cada día de la limpieza y mantenimiento en general.

La enfermera, la laboratorista y los médicos, también forman un grupo especial. Todos vienen con la actitud de donar de lo mucho que han recibido. Empezamos con un médico general, muy pronto se incorporaron a las consultas un cardiólogo, una ginecóloga, una pediatra, una dermatóloga y un poco más tarde los tan necesarios servicios de odontología y optometría.

Aunque hemos sido visitadas por el Ministerio de Salud Pública y nos han otorgado el Certificado de Habilitación, no hemos logrado ningún nombramiento del Gobierno. Para la ayuda de ciertas reparaciones de equipos y del edificio hemos recibido ayuda de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis, de la que somos afiliadas y para la movilidad de las laicas, enfermeras y médicos, la generosidad nos viene del Proyecto Vic.

Empezamos laborando mañana y tarde, hoy no tenemos el servicio de farmacia y solo laboramos por la mañana de lunes a sábado. La mayor consulta es la del jueves, de pediatría. Por cantidad de niños que viene, hemos tenido que invitar a otra doctora más.


Toda la Comunidad de Hermanas está atenta en colaboración aunque una hermana coordina, cosa que se hace fácil por la disposición y entusiasmo del voluntariado.

La característica de este Centro es que nació pobre, se mantiene pobre sirviendo a los pobres. Su única riqueza es la donación y entrega de un grupo de mujeres que por fidelidad al evangelio, se mantienen (desde el primer día), fieles a su pueblo, y el deseo de Santa Joaquina de “abrazar necesidades” las fortalece y sostiene.


Fanita de la Cruz
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